domingo, 14 de septiembre de 2014

Buscamos nuestro barco....



Buscamos nuestro barco como quien busca el paraíso, sin mucha idea de cómo es, ni dónde está, pero con la certeza de que existe.

 

Más que un barco buscamos una vida. Una razón para justificar lo que creemos, lo que queremos.

 

Soy consciente de que si hubiésemos tenido otro sueño como el de una casa en una ciudad amable, o quizá un hijo, estaríamos mucho más cerca de lograrlo, pero se nos dio por querer absolutamente lo contrario.

 

Solo de a ratos, cuando decidimos tomar consciencia de nuestra osadía extrema, aceptamos la demora y la impaciencia.

Buscamos nuestro barco como quien reclama su origen entre los papeles de migraciones, como el que teje rama a rama su árbol genealógico, queremos romper con las fronteras del mundo, ser de todos lados, de ninguno. Nuestra declaración de independencia contra los sistemas conocidos y por conocer. Hacer las mismas cosas que hace todo el mundo, en otros tiempos, con otras ganas y desde otro lugar.

 

Cambiar el reloj de pulsera por el barómetro, los noticieros de guerras por los pronósticos. Cambiar la oficina, el supermercado amigo, la cama, la ducha, las millas fidelidad. Cambiar el eje de equilibrio, por diez metros de aluminio portante, un ancla y dos velas.


 
 
 
 




Buscamos nuestro barco, de la misma forma que nos encontramos el uno al otro, discriminando punto a punto todas nuestras pretensiones, reduciendo más y más los candidatos. Sin intención de demorarnos en la virtualidad de encantos que pocas veces se sostienen en la realidad, con la urgencia de tomarnos un primer café, azaroso, intencional, definitivo. 

 

Y mientras tanto desandamos las rutas costeras, divisando de lejos los puertos. A nuestros costados siguen en pie las casas de cuentos de praderas, típicas de la Bretaña Francesa, pero ya no nos dan envidia, porque sabemos que la nuestra, va a ser mucho más liguera.








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