lunes, 28 de julio de 2014

Lo que salí a buscar....




Me prometo a mí misma que este será mi último viaje. No más tickets, no más valijas, no más meter las cremitas en una bolsita ziploc.

 

Después de 8 meses de haber dormido en más de 40 ciudades entre Argentina, España, Francia y Nueva Caledonia...mañana viajo a Nueva Zelanda donde quizá me toque dormir en 10 ciudades más.

 

Me niego a hacer la cuenta de lo que perdí en el camino, a veces no quedan ni siquiera los recuerdos, porque se tropiezan, se superponen las caminatas, los monumentos, las fotografías...

 
 
 




Por las buenas o las malas, me detengo, no me permito seguir perdida por el mundo. Por más que me cueste aceptarlo, el departamento de Auckland se parece demasiado al de La Plata. Los buses del aeropuerto de Madrid, son iguales a los de París. Las horas pico en Noumea, los embotellamientos de Rennes, las colas de los supermercados, las cajeras....los cereales. Si el mundo es tan parecido, no entiendo porque le sigo dando la vueltas.

 

Más que mi último viaje, es mi último mundo. Necesito inventar uno diferente. Quiero ser dueña del tiempo y que ya no exista el check-out a las 10 de la mañana porque después de 30mil kilómetros estoy convencida, de que lo que salí a buscar, estaba más dentro mío que afuera.
 

sábado, 19 de julio de 2014

Extraño a mis amigos...



Extraño a mis amigos, a la amiga que fui con ellos. Saber sus vidas, contarles la mía. Extraño tener algo para contar. La adrenalina de la emoción constante, la emoción cambiante.


Las amistades de adolescencia, las excusas para todo lo que no teníamos, el consuelo para todo lo que creíamos no necesitar. Los amigos del crecimiento, de dolor y pasiones. Esos que me impulsaron para despegar, los que me dijeron “pase lo que pase acá estamos” y ahí seguían.
 






Extraño los años de vorágine, de poder elegir a dedo y que siempre sobre, de vivir con lo mejor de los dos mundos, de ser casi irreal. Es cierto que varios domingos eran interminables y  algunos lunes por la tarde y ocho meses de cada año. Pero el resto era sueño y desafío, era pellizcarse para creer o reventar.  

 

Extraño la vida de momentos instantáneos, los cafés de Malvinas, la complicidad, esa sonrisa que dice te quiero, el abrazo, sentarnos a la mesa y encontrar la palabra justa que cambie la realidad, hasta que se enfríe el café y doblemos la esquina a casa.

 

Los extraño y me extraño a mí misma, pero sobre todo extraño  lo que aún no pasó, encontrar un mundo a medida. Ojala tanto café, no haya sido en vano.
 


miércoles, 9 de julio de 2014

Recordaré esta etapa de mi vida...




No es la etapa más dura, pero sí la más difícil. Permanecer con ganas de irme, querer decir sin poder mover la lengua... mirar lejos y seguir viendo la punta de mi nariz enrojecida.

 

El camino avanza más perdido que yo y volver es un fracaso igual que seguir a ciegas. La quietud es la condena, por haber escrito el “mapa” antes del objetivo.

 

Recordaré esta etapa de mi vida como la mayor distancia, no por los 17.000km que me separan de casa, sino por las veinte mil leguas de cielo que aún tengo encima mío, por mucho que intente levantar vuelo.

 

Encontré mi guerra en pleno paraíso, perfecta emboscada de playas y corales. Me gustaría saber cuál va a ser la lección de todo esto, aunque ni gane ni pierda.

 

Mi mamá siempre decía “El tiempo vale VIDA” y el tiempo que se pierde, es una especie de suicidio. Estoy mal acostumbrada a encontrar sentidos, reconocer la diferencia entre esta mañana y la tarde de ayer...pero hace meses que el tiempo me parece una película desacelerada que por momentos se rebobina.

 

Recordaré esta etapa de mi vida como el pasado nebuloso de los adictos, como la etapa esquizofrénica de los ambiciosos, como el año de luto por las ausencias, empezando por la mía.
 






El desconsuelo es que los demás, ven la misma nada que veo yo cuando me miran. Si tuviese otra versión, podría pensar que soy yo la mal pensada.

 

jueves, 3 de julio de 2014

Cuántas veces se puede perder....lo que no se tuvo todavía







La primera vez que perdemos nos sobrecargamos de incertidumbres. Sigo o no sigo, lo deseo o solo lo necesito. Hablo de cuestionarse las ganas, del tiempo que lleva creer en uno mismo y en los otros. De saber que aún no estamos listos, pero que peor es nada.

 

La segunda se pierde por decepción, cuando fallan los primeros intentos y las ilusiones se estrellan kamikazes por el pasillo, de muro a muro, sin ver la luz al otro lado, sin saber cómo volver al principio ni cuándo, mientras el resto parece no enterarse que se nos acaba el mundo. De la envidia que nos dan los otros, en su paz anestesiada. De las ansias que nos sobran, las urgencias.

 

La tercera se pierde por miedo a seguir perdiendo. Cuando no queda otra opción que retirarse de la certeza, sin querer aceptar la realidad. Hablo de poner en duda la verdad, de cerrar los ojos para vivir. Estar a un paso de aceptar el saldo negativo, de refugiarse en la miseria mejor que la nada endeudada porque nos siguen pidiendo lo que falta para compensar lo mal invertido.
 
 






La última vez que se pierde lo que nunca se tuvo, es un acto de desesperación, somos ajenos a lo que somos. Es un acto de salvación, abandonar la idea a cambio de la vida tal cual era antes de toda confusión.

La moraleja es que en algún punto entre el primer y el segundo intento, la cosa pasó mucho más cerca de lo que jamás la tuvimos...