Nueva Zelanda es una cancha de golf para gigantes con
18.000 hoyos, algo así como Jurassic Park cuando te vas acercando en
helicóptero por las colinas verdes pero que en vez de dinosaurios son Kiwis,
una especie de pajarito gordo sin alas con pico de aguja y que también es la
fruta pero que no es verde adentro, sino amarilla...sí, Nueva Zelanda exporta
kiwis verdes al mundo pero ellos, comen LOS AMARILLOS que son mucho más dulces.
Es el país de la limpieza donde jamás se ve a nadie limpiando. No hay codazos,
ni escupidas, ni bocinas, incluso en la hora pico de la Capital, que no es
Auckland sino Wellington. Tienen una empresa NACIONAL “Pams” que es buena, barata
y multi-rubro, algo que hace rato no veo por otros sitios. No hay Waltmart ni
Carrefour y si no fuera por Mc Donalds, se llamaría “New-utopía”
El kiwi es una versión del inglés relajado, que se toma el tiempo con más
pausa, no tan obsesivos ni nerviosos, aunque en el fondo son ingleses, llenos
de Twinings y desayunos con huevos fritos. Manejan a la izquierda y con caja
automática, así que les sobra una mano y un pie, que por supuesto ponen arriba
del acelerador. Una experiencia extrema a la que un día o dos intentos de suicidio,
te terminan de acostumbrar, aunque nunca dejas de pensar que los que vienen de
frente están completamente en infracción.
Nueva Zelanda definitivamente es MUJER porque tienen baños públicos cada 5
kilómetros a lo largo y ancho de todo el país y lejos del imaginario colectivo,
no es una rubia estilo australiano, al contrario, tiene rasgos Maori, de pelo
negro, morrudita y con una barba tatuada en la pera.
Para el que quiera venir, les confirmo el consejo popular, hay que sacar un
solo ticket de ida sin retorno y una valija con dos temporadas, porque estando
en este pequeño paraíso, la tentación es casi obligatoria y uno logra olvidar
los terremotos, tsunamis y erupciones, recorriendo las góndolas de precios
FIJOS.

