jueves, 12 de febrero de 2015

FLORIDA, USA


El primer gran viaje de mi vida fue en ENERO del año 2000,  a ESTADOS UNIDOS con toda mi familia y me refiero a TODA la familia, incluidas mis cuñadas. Somos 4 hermanos, dos mujeres y dos varones, que para ese entonces ya estaban casados. Hacía mucho tiempo que no vivíamos juntos y tuvimos la grandiosa oportunidad de convivir como una familia de 8, por primera y última vez.
Salimos de casa el Martes 18 en un vuelo de VARIG que paró en Sao Pablo y de ahí, a MIAMI. Recuerdo que viajé en la ventana. No sabía qué hacer para aguantar las horas sentada, uno con el tiempo aprende a sacar vuelos nocturnos o a no dormir la noche anterior al vuelo para descansar. El bautismo de fuego fue la turbulencia en el Golfo de México, dejaron de servir la comida y cerramos las bandejas.
La primera anécdota fue cuando mamá presentó los pasaportes y le dijo a la oficial de migraciones de Miami: “Somos seven”. Quizá le quiso decir que éramos “7 más que ella, durante años la perseguimos con esa frase a cada reserva de restaurante o de carpa de playa que hacíamos, fuésemos el número que fuésemos, siempre decíamos a corito: “somos seven”.
 
Alquilamos dos autos, nuestro destino era el HOLIDAY INN de Miami, pero los rulos de las autopistas, la ausencia de GPS y de teléfonos para llamarnos, nos hizo dar vueltas por todos lados. El Holiday Inn, es un típico hotel americano de esos que tienen todo talle “extra” y están decorados en rosa pálida estilo ochentoso con una pileta en la terraza, a pesar del invierno.
 
Lo que más recuerdo de MIAMI, es la noche que me compre mi “vestido de quince”, que tres meses después use en mi fiesta.






 El Sábado 22 nos instalamos en ORLANDO en un Apart hotel inmenso que se llamaba Vistana Resort y que pertenecía al grupo RCI. Tenía una terraza que daba a un jardín de palmeras artificiales, como casi todo en Florida y 3 habitaciones, una con jacuzzi. Era un complejo cerrado con restaurantes, supermercados, cines y todo lo que puede necesitar un turista para no tener que salir nunca de ahí. Pero nosotros habíamos viajado para conocer los famosos parques de WORLD DISNEY así que el domingo comenzamos por el Animal Kingdom.

 

El Lunes 24, el mismísimo día que mamá cumplía 50 años, visitamos el Epcot. Tengo la memoria fresca de la bola plateada y de los países en miniatura que estaban dentro. Otra pista que me daba la vida, mi fascinación por las culturas. Me pasé toda la tarde de un país a otro, de una mini estatua a otra, me parecía increíble la capacidad escenográfica de transportarte así por el mundo. Puedo jurar que no era solo una ilusión física, había una música y un aroma que acompañaba cada maqueta. Lo lamentable fue que de la emoción, cometí el error fatal de abrir la tapa de mi cámara de fotos y perdí todas las imágenes de ese día. De todas formas, hay algo muy cierto: Lo que vale la pena recordar, no se olvida nunca.

 

Cuando llegamos al departamento, nos encontramos con la sorpresa de globos de aire comprimido que bajaban del techo con cintas de todos los colores, una torta igual de colorida y un champagne, cuyo corcho conservo todavía. Mamá estaba emocionadísima, doy fue que fue uno de los mejores cumpleaños de su vida.
 
 
 
 
 



El Jueves 27 fuimos al Magic Kingdom, pero no recuerdo la fecha por eso, sino porque solía tener una tradición los días 28 de cada mes a las 0.00 horas, que era llamar por teléfono a mi novio de entonces, para desearnos feliz aniversario. Aquella vez, el desafío fue enorme porque yo estaba en Estados Unidos y él en Brasil y no había ni facebook, ni whasapp, ni skype. Sólo un Star-Tac de mi papá que no habíamos podido hacer funcionar ni para avisar que habíamos llegado ni para recibir noticias, ni nada. Mi papá había contactado al responsable de MOVISTAR para quejarse, pero aún así no funcionaba. De todas formas cuando en Argentina eran las 23.59hs salí a la terraza con el celular, a mirar el cielo y en el preciso instante el aparatito empezó a sonar en mi mano. Escuché los gritos del lado de adentro y la mirada de mi papá mitad sorprendido y mitad orgulloso de su Star-Tac.

Para el Domingo 30, nuestro viaje de casi dos semanas había llegado a su fin. Lo que retengo fue la emoción de haber podido convivir una vez más con mis hermanos, como cuando éramos chicos y lo que me quedó pendiente fue una idea: En el UNIVERSAL Studio, frente la puerta de NIKELONDEON, hay una alcantarilla sellada en el año 1992, con juguetes que los niños de esa época dejaron para los niños del futuro. Va a ser abierta en el 2042, cincuenta años más tarde. Para ese entonces tendré 57 años, porque yo fui una niña de 7 en el 92. Quién sabe, quizá algunos de mis hermanos me acompañe.
 

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